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lunes, 19 de septiembre de 2011

Manuel Quiroga: Violín, fama y olvido

Manuel Quiroga

Violín, fama y olvido




Ensayaba a oscuras. Se recogía en un cuarto a ciegas, levantaba el violín y estudiaba las partituras que tenía grabadas en la cabeza mientras deslizaba el arco interpretándolas. De la ventana abierta de su buhardilla en París brotaba una música ejecutada bellamente, y la gente que pasaba por la calle se paraba absorta, fija en aquel acontecimiento casi endiablado. Era Manolito Quiroga, el hijo de don José, un comerciante de paños de Pontevedra que tuvo la delicadeza de echar a su hijo al mundo a estudiar fuera en cuanto supo que en aquella casa de piedra de la zona vieja se estaba criando un genio. El niño al que acogerían los maestros Medal, Pedro Puga y José del Hierro. El mismo que a los 19 años hizo historia ganando el primer premio del Conservatorio de París, algo que sólo había conseguido un español: Pablo Sarasate. Se puso a sus pies la prensa de la época (“mezcla su romanticismo ‘tizgano’ al romanticismo español y no obstante tocó el primer movimiento del concierto de Mendelssohn en un estilo perfectamente puro, perfectamente noble”, dijo Le Figaro), y su nombre empezó a deslizarse dorado entre la nobleza.

Al día siguiente, el compositor Alfred Bruneau escribió en las páginas de Le Matin: “Posee ya una rara personalidad. Es un virtuoso cuyo mecanismo superior, su encanto extremo, no tardarán probablemente en hacerle célebre”. Fue una premonición encantada. Manuel Quiroga fue una superestrella que giró por todo el mundo arrastrando masas en delirio, un precursor al violín de los Beatles. “No existían el rock, ni los futbolistas, y el cine entonces era mudo y no había las estrellas que ahora hay. Quiroga fue un ídolo absoluto y el personaje más famoso que haya dado Pontevedra”, dice el escritor Rodrigo Cota. Su éxito fue brutal y cuando cruza Estados Unidos de concierto en concierto se fabrican a su paso corbatas y mecheros con su nombre. De entonces sobrevive su imagen legendaria: la de un bello moreno de melena furiosa que posa como un ídolo, envuelto en luces y misterio, como un artista que se equilibra con su leyenda. Adoraba las cámaras y la fama, desafiaba a los fotógrafos mirándolos fijamente como un siglo después haría, rodeado de cientos de cámaras en el aeropuerto, David Beckham a su llegada a Japón: uno a uno, con la intensidad propia de quien requiere para sí los honores del mundo. “Lejos quedaban aquellos años de burla y chirigota en los que unos desaprensivos, aprovechando la muerte de Sarasate, enviaran al padre de Quiroga un telegrama comunicándole que el gran violinista había dejado en herencia su Stradivarius a Manolito”, escribe Fernando Otero Urtaza, autor de libro Un violín olvidado, el más documentado trabajo realizado hasta ahora sobre la figura del pontevedrés.

Son años de tumulto y locura que se abrieron con el recibimiento que la ciudad hizo de aquel joven que conquistó París contra pronóstico. Llegó de allí el 21 de junio de 1911. Media hora antes de que se anunciase el tren echaron el cierre todos los comercios de Pontevedra y se paralizó la actividad laboral. Quiroga se encontró en la estación los andenes abarrotados, la banda de música y bombas de palenque, relata Otero Urtaza. No lo dejaron ni bajar: lo levantaron a hombros como un torero y cruzaron la ciudad en medio de balcones llenos de gente que lo vitorearon hasta llegar a su casa, en cuya calle se había instalado un arco del triunfo; lo depositaron en el portal entre ovaciones fervorosas y alocadas, pues en aquellos hombros juveniles, en aquellas manos privilegiadas y aquel cuerpo enjuto se reunía la gloria de una ciudad pequeña y orgullosa, desatada por un triunfo similar al de una Copa del Mundo; habían puesto en él su confianza desde que deslumbró al público del Café Moderno con quince años, le habían subvencionado una beca para seguir sus estudios en Madrid, y lo tenían de vuelta apenas cuatro años después convertido en príncipe.

Manuel Quiroga
El hijo de don José no se lo acabó de creer nunca, y en su ingente correspondencia, que guarda como oro en paño la descendiente encargada de velar por su legado, Milagros Bará, casi se pueden palpar sus dudas e inquietudes (“¿seré tan bueno?”), y se refleja en sus palabras el yo inseguro de quien se sabe alzado por una fuerza superior. “Él se sabía muy bueno, pero se lo recordaba a sí mismo, como si no lo tuviese claro, y llegaba a preguntárselo. Hay cartas que parecen estar dirigidas a sí mismo”. Sólo en su debut en América, en el hipódromo de Nueva York, reunió a 5.000 personas, un número que escandalizó a los puristas. El columnista Colgate Baker dio su opinión en The New York Rewiew: “La idea de un nuevo virtuoso del violín realizando su debut en el monstruoso hipódromo delante de 5.000 personas fue, según los agentes musicales y la camarilla de Carnegie Hill, absurdo. Pero esos diletantes han recibido una lección de talento que recordarán largamente (…) En vez de tocar para una pequeña audiencia compuesta exclusivamente de devotos de la música él tocó para el público real y el resultado fue aquel entusiasmo, las aclamaciones de un público de medio millar de personas que le siguieron a su hotel después de la actuación”.

Fue allí donde el New York Times logró las declaraciones del violinista y compositor austriaco Fritz Kreisler: “Después de esto no me atreveré a tocar mis obras”. Una leyenda, Mischa Elman, dejó de tocar siete meses. Frecuentó cortes y salones presidenciales en todo el mundo con sus primeros conciertos en Europa. Mientras viajaba no dejó de escribir y de aderezar sus cartas con dibujos, pues era un pintor notable y un escritor de nivel tanto por su prosa como, sobre todo, por la ilustración de sus encuentros con figuras de todo pelaje y condición que se acercaban a él, epicentro de élites, muchas veces ensimismado, estudiante violento de la composición y las partituras.

Manuel Quiroga en el estudio de Carlos Sobrino en 1917
En San Sebastián, donde ofreció una serie de conciertos, coincidió con Joaquín Sorolla en el mismo hotel. Allí el pintor llevaba meses encargándose de unos murales. Le prometió a Quiroga un retrato que nunca se llegó a hacer. En París trató a dos exiliados rusos de condición extravagante; el compositor Igor Stravinsky y el príncipe Youssopoff, asesino de Rasputín. Con éste compartió varias cenas. “Vive con su princesa en un hotelito de Bois. Ella tiene el célebre collar de perlas negras valuado en seis millones de pesetas”. Fernando Otero Urtaza rescata en su libro la narración del propio Quiroga del asesinato de Rasputín a manos de su amigo. Tras darle unos pasteles envenenados y no conseguir el menor efecto, fue a por un revólver y lo acribilló a tiros. “Bajó y ya perdida la serenidad, hizo varios disparos desordenados sobre el monje, que cayó sangrando. Entraron todos entonces y llevaron el cuerpo de Rasputine a un automóvil para echarlo al río; cuando llegaron a la orilla, aún Rasputine vivía. Y cayó finalmente sobre un bloque de hielo desde donde lanzaba aun alaridos de muerte. El bloque al deshelarse se lo fue tragando lentamente. ¡Oh!, se podría hacer un gran libro con todo esto, ¿n’est ce pas?”.

El violinista era desenfadado y sociable. Estuvo casado con Marta Leman, una pianista de fama internacional con la que tocó en innumerables ocasiones y que tuvo una gran trascendencia en su vida desde el principio, cuando ayudó a Quiroga en los primeros tiempos de París; tras pasar penurias y enfermedades, la rica Leman le dio protección y lo puso en contacto con algunas de las familias millonarias amigas de la suya. El histórico triunfo de Quiroga en París, acompañado por el de Leman al piano, fue celebrado entre esos círculos como propio. Con ella acabaría casándose en 1915. Era una judía francesa que aparcó su carrera para seguirlo a él. Se acabaron separando y la mujer falleció antes que Quiroga. Se creyó algún tiempo que fue en un campo de concentración, pero las investigaciones de Milagros Bará y Javier Bará Temes a través de Sophie Lévy, responsable de los archivos del Conservatorio de París, dieron como resultado el lugar y la fecha de su fallecimiento: Garches (Seine-et-Oise) el 1 de mayo de 1953.

Manuel Quiroga y Martha Lemann
 “Él tenía un humor tremendo”, dice Milagros Bará entre carpetas en las que guarda parte de la documentación privada de la familia que no fue cedida al Museo de Pontevedra, donde está la mayor parte. Bará está digitalizando ahora la correspondencia de Manuel Quiroga. Y aguarda una llamada de la Deputación (“El Conservatorio y el Museo tienen ya la programación del 50 aniversario. Lamentablemente de la Deputación no tengo respuesta”). Así, en una de las cartas Quiroga advierte a sus padres de que días atrás fue operado de apendicitis: “A dos princesitas rusas le abrieron el preciosísimo vientre para sacar otras preciosísimas tripas. Yo considero el mío no menos precioso que el de un príncipe, pues ya aquí me llaman el príncipe del violín. (…) ¿Te acuerdas de que ya el año pasado no me encontraba bien? Dicen que es la enfermedad de moda. El Kaiser y el Rey de Inglaterra pasaron por ello, es una moda elegante”.

Entre sus quejas está la del transporte y la dificultad de trasladarse a Galicia. Tenía manías con sus manos, tal que tocar con cuidado o aprensión cosas que hubiesen sido tocadas antes, como los pomos de las puertas. “Él era tan mundano, tan normal, tan de Pontevedriña, que no se creía el éxito que tenía”, dice Bará. De familia bien, de lo que se ha dado en llamar de Pontevedra de toda la vida, el chico de los Quiroga vivía en vacaciones acomodado en una pandilla de jóvenes que pasaba veranos ociosos y tranquilos. A ellos les gustaba volver cuando tenía un hueco.

Ya entonces se podía contemplar Quiroga no sólo en las admiraciones de sus excéntricos admiradores que lo seguían en procesión sino también en cuadros y bustos, y la calle Comercio ya no era tal, sino calle Manuel Quiroga; se le puso cuando tenía 26 años. También había sido tentado por la política, una constante en su vida. Lo relató magistralmente un amigo suyo, Francisco Camba,  hermano del periodista Julio, con quien coincidió de vuelta a Galicia en tren desde Madrid cuando el violinista le contó lo que llamó “emboscada”. Quiroga fue invitado a dar un concierto en casa de un conde catalán. Pero al llegar allí nadie le pidió que tocase. Estaban, entre otros, Francesc Cambó y Joan Ventosa. “Todo lo que se hizo allí fue preguntarle sobre los efectos de ese violín en el alma huraña de sus paisanos. ¿Era verdad que los gallegos se entusiasmaban como nunca al oírle? ¿Lo era que le acompañaban, vitoreándole después de cada concierto? ¿Mentían los informes al decir que cuando llegaba a Galicia el pueblo entero acudía a esperarle y le llevaba en hombros?”. Quiroga asentía tímidamente hasta que Cambó estalló: “Pues entonces está usted en la obligación de hacerse político, de ingresar en las filas del regionalismo gallego… Usted, con esa influencia en las multitudes de su tierra, puede sernos muy útil”. Quiroga, tras desechar educadamente cualquier propuesta, contestó: “Si como gallego tengo alguna aspiración secreta, es la de ser una especie de mirlo”.

Pese a todo tuvo la simpatía de gente como Losada Diéguez o Antón Villar Ponte, que le dedicaron textos (el de éste último mezcla una inflamada sensibilidad por la lengua y el fervor imperialista), y la amistad de Castelao, que lo dibujó en varias ocasiones. Con el intelectual de Rianxo, el faro del nacionalismo gallego y autor de Sempre en Galiza, comparte tertulia en la actualidad en la Praza de San Xosé, junto a las esculturas de Alexandre Bóveda, Carlos Casares, Ramón Cabanillas y Valentín Paz-Andrade. La de Quiroga es la más maltratada por los borrachos, que ya le han roto el arco del violín varias veces. Pese a todo, esto no es lo que más molesta a Rodrigo Cota: “Lo podían haber sentado con los de la tertulia, porque ahí de pie, con el violín, parece que se está dedicando a amenizarles la tarde ante de pedirles unas monedas”.

En ese tiempo en el que recibió el canto de sirenas de la política tocaba con un Guadagnini suyo y un Stradivarius que le dejó la viuda de Joachin Reifenberg. Atrás estaban los años en los que recibió de manos de Ramón Mugartegui el primer lujoso violín que tuvo en su vida: un Amati de 1862 que había pertenecido a Francisco Javier Mugartegui, a quien se lo regaló Isabel II. Fue antes de su presentación en sociedad en Pontevedra, el 3 de agosto de 1906. Tres meses antes conoció de manera muy particular a Alfonso XIII. Estaba asomado al balcón de su piso en Madrid viendo el paso de los Reyes el día de su boda. “Como era pequeño -tenía 14 años- me agaché para ver mejor por entre los hierros del balcón. A los pocos minutos estallaba la bomba y moría decapitada una mujer que había pasado a ocupar mi sitio. ¡Aquello fue horrible, horrible!”. El artefacto se tiró desde el cuarto de al lado. Sin el niño saberlo, en aquel piso, separado por un tabique, Mateo Morral hizo la bomba. Murieron 30 personas. Quiroga enviaría una postal a su familia después de un tiempo en la que se reproduce una fotografía del atentado, y sobre el humo blanco del impacto de la bomba dibuja unos muñequitos saltando, víctimas de la explosión. Era un crío: pide en esa postal a su hermano quince pesetas para “unas medias preciosas de foot-ball”. Quince años después, la pareja de novios objeto de aquel atentado reclamó en sus salones la presencia de Quiroga. Se ganó tanto el cariño y la protección del rey Alfonso XIII, que éste intervino cuando el violinista fue detenido en Austria en medio de la Gran Guerra y le permitió salir de Europa para ir al encuentro de su primera gira en América.

Al rey también puede deberse la decisión posterior de Quiroga de simpatizar con el bando franquista durante la Guerra Civil. El biógrafo Otero Urtaza atribuye esta inclinación a la esperanza de que regresase la monarquía. Lo hizo, pero Quiroga murió mucho antes. La estrella y el fulgor desaparecieron lentamente después del 8 de junio de 1937, cuando Quirora cuenta con 46 años y acaba de recibir el reconocimiento más grande que se le pueda hacer a un extranjero en Francia: Caballero de la Legión de Honor. Ese día, ya sin rastro de la agitada melena de juventud, que se despobló en apenas un ramillete de meses, Quiroga despidió a su íntimo Iturbe en Welfare Island, en Nueva York, y se encaminó hacia su hotel cuando fue arrollado por un coche.

"Gigi"
El violinista fue herido de gravedad. La rehabilitación fue tortuosa y jamás pudo recuperar la movilidad de su brazo izquierdo. Ya no estaba con Leman, sino con Gigi, María Galvani (“la Galvani”, como la llamaba la familia), una mujer casada con el director de una orquesta al que abandonó para venirse con el gallego en barco a España. La fortuna de la edad de oro había sido mermada por representantes y malos contratos, y el resto lo fatigó buscando una recuperación total que no lllegó; sí subió el violín a los brazos e interpretó de nuevo, pero un día, al querer alcanzar un libro, el brazo no le respondió. A la habitación de un hospital de Madrid llegó uno de sus hermanos para llevarlo a Pontevedra, y de camino desempeñó lo que pudo de los numerosos objetos de valor y obras de arte que Quiroga había dejado allí para seguir pagándose tratamientos y remedios en el esfuerzo nostálgico de repetir el pasado, de recuperar el fulgor de la música y la luz de los focos.




Se echó a la caricatura, pues era un excelente caricaturista que ya publicaba de joven en los diarios europeos, al dibujo y a la composición, pero era la ejecución, la interpretación de su violín lo que le daba vida. Entre los años 40 y 60 su deterioro fue progresivo. Cuenta el escritor Arturo Ruibal que a Pontevedra llegó tumbado en un carruaje, pues no se podía mover, y tratando de no ser visto en esas condiciones. Le detectaron una astenia cerebral.
Manuel Quiroga enfermo
Ya entonces, sin su violín, en la casa familiar donde hoy adorna una placa, había remitido su fama, como la de cualquier estrella que desaparece de un día para otro. Murió hace 50 años, el 19 de abril de 1961. En una de sus últimas imágenes está sentado en Portocelo con gesto de hombre atrofiado, ligeramente inclinado hacia delante, como desovillándose frente al mar a unos meses de su muerte. Las instituciones de momento se muestran renuentes con fastos y homenajes. A quien fue dueño del mundo, su ciudad se olvidó de él.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón Compositor de A Coruña

Eduardo Rodríguez-Losada


Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón, nado na Coruña o 2 de marzo de 1886 e finado o 2 de novembro de 1973 na mesma cidade, foi arquitecto e compositor.


Traxectoria
Casado con María Trulock Bertorini o día 15 de Outubro de 1913, tiveron dez fillos. O día 2 de Maio de 1941 foi nomeado Académico de Número da Sección de Arquitectura da Real Academia Nuestra Señora del Rosario e máis tarde, o 28 de Novembro de 1954, Académico de Honor.

As súas obras orixinais foron doadas polos seus fillos á Real Academia Nuestra Señora del Rosario de La Coruña. Tamén se poden atopar copias na Fundación March, na Sociedade de Autores e na Propiedade Intelectual.

Obra Óperas:

El Monte de las ánimas , (orixinal de G. A. Bécquer. Verso de Núñez de Cepeda ) (1927) -Estreada e dirixida polo autor o 6 de Mayo de 1927 no Teatro Rosalía de Castro.
O Mariscal ,(libro en gallego de Ramón Cabanillas y Antón Vilar Ponte)(1929) - Estreada e dirixida polo autor o 31 de Mayo de 1929 no Teatro Tamberlick de Vigo-
¡Ultreya! (libro de Armando Cotarelo) Autógrafo (1935) - Estreada o 12 de Marzo de 1935 no Teatro La Zarzuela de Madrid.-
El Gran Teatro del mundo,(libro de Calderón de la Barca) Autógrafo.-Existe un borrado para voz e piano. Sen estrear

Poemas sinfónicos:

El diablo mundo (Ballet). Coreográfico. Autógrafo.
El miserere. Sobre textos de Gustavo Adolfo Bécquer. Autógrafo
Los Caneiros,(Impresión sinfónica. Autógrafo.) (1946) Interpretada o 17 de Novembro de 1946 po la Orquesta Sinfónica de Bilbao dirixida por Jesús Arrámbarri no Teatro Buenos Aires de Bilbao.
El Gnogmo, (Poema sinfónico sobre una lenda de Gustavo Adolfo Bécquer. Autógrafo.) (1925) Estreado ó 8 de Maio de 1925 po la orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por Enrique Fernández Arbos en el Teatro Rosalía de Castro de La Coruña.
La Santa Compaña, (sobre libro de Rey de Viana) Autógrafo. Existe redución para piano e borrador.


Caricatura de Eduardo dirixindo a sua opera "O Mariscal" 27 de mayo de 1923 no Rosalia de Castro.
 
Sinfonías:

Sinfonía en Sol menor (Autógrafo). Existe unha transcrición para dous piano(Manuscrito)
Sinfonía en La menor.(Autógrafo) (1949). Estreada 4 de Decembro de 1949 pola Orquesta Municipal de La Coruña e dirixida por Rodrigo A. de Santiago no Teatro Rosalía de Castro.
Sinfonía en Do menor.(Autógrafo).
Sinfonía en Re menor.(Autógrafo).
Concierto para piano y orquesta en Si bemol.(Autógrafo). Estreado o día 29 de Maio de 1955 porla Orquesta Sinfónica Municipal de La Coruña e dirixida por Rodrigo A. de Santiago . Pianista Pilar Cruz . No Teatro Rosalía de Castro da Coruña.
Música de camara:

Colección de 9 cuartetos
Coleccion de 3 trios O nº1 estrenado el 26 de xaneiro de 1948 na Escuela Naval de La Coruña Violín: Horacio Rodríguez Nache. Violoncello: José Béjar. Piano: Pilar C Rodríguez Nache. Violoncelo José Béjar y Piano Pilar Cruz.
Preludio en Sol mayor para dos violines y piano , Adicado a súa filla Carmen Losada-Trulock
4 sonatas para piano



Aportación de Alejo Amoedo Portela

Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón, nado na Coruña o 2 de marzo de 1886 e finado o 2 de novembro de 1973 na mesma cidade, foi arquitecto e compositor.

En 1929 se estreno en Vigo, su Ópera "O Mariscal" con letra de Vilar Ponte y Ramón Cabanillas, en el teatro "Tamberlick" de Vigo. Este año en el Xacobeo, se recupera la obra y será interpretada por La soprano Ponteareana Teresa Novoa y el baritono Javier Franco con la orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Joam Trillo.

http://classics.xacobeo.es/es/eventos/opera-%E2%80%9Co-mariscal%E2%80%9D-de-eduardo-rodriguez-losada-y-ramon-cabanillas-recuperacion-en-tiempos-m-1

Aportación anónima a páxina


La Fundación Mondariz Balneario publica en 2010 un extenso estudio sobre E. R.-Losada Rebellón que abarca su obra arquitectónica (era arquitecto de profesión) de la mano del Colegio oficial de Arquitectos de Galicia.

En un segúndo volúmen Rogelio groba estudia la obra musical "O ´Mariscal", y un tercer volúmen incluye la copia del original de R. Cabanillas.

Se debe corrogir el extendido mito de su estreno en Vigo, puesto que el verdadero estreno se realiza en el Teatro Rosalía de Castro / A Coruña. Como sucedió con la obra literaria, el estreno no estuvo exento de probelmas. Fue saboteado por la autoridad del momento, por la misma identificación que despertaba con el movimiento galleguista. El estudio de la Fundación Mondariz Balneario no deja dudas al respecto, adjuntando la documentación pertinente. Igualmente existen menciones en la prensa de la época.

Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón (2 de marzo de 1886 - 2 de diciembre de 1973) era hijo de Camilo Rodríguez-Losada Ozores y de Felipa Rebellón Vázquez. Fue el menor de seis hermanos: José, Dolores, Carmen, Luisa y Jacoba.

Eduardo R.-Losada Rebellón nació en A Coruña, en el edificio de la Calle Tabernas 30, donde vivió su juventud. Se trasladó a Madrid durante su etapa como estudiante de arquitectura, para regresar e instalar su estudio en la Coruña. En la Calle Tabernas siguió viviendo tras su matrimonio (1913) con María Trulock Bertorini.

En 1919, a los 33 años D. Eduardo cayó enfermo de tuberculosis, debiendo seguir un severo tratamiento durante varios años. Con tal motivo el matrimonio con –por entonces- cuatro hijos empezó a viajar cada año al Escorial.

Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón y María Trulock Bertorini tuvieron diez hijos: Josefina, Camilo, Jacobo, Eduardo, Mercedes, Carmen, Pilar, Antón y Javier.
Eduardo R. Losada se casó con Doña María Trulock Bertorini (25 de agosto de 1889-13 de septiembre de 1980). Aunque nació en Galicia / Santiago, ella era hija del Británico John Trulock Glascott y de Josefina Bertorini Jones. María era la mayor de siete hermanos: John, Camila, Margarita, Mª del Carmen, Ana Mª y Jorge.

El padre de María; John Trulock Glascott, fue el Gerente de “The West Galicia Railway Company”, sociedad con sede en Londres que finalizó y gestionó la primera línea de ferrocarril de Galicia (tramo Carril – Santiago, popularmente conocido en la época como “El Compostelano”). Esta línea ferroviaria convirtió a Galicia en una de las zonas principales de abastecimiento de carne de vacuno del Reino Unido, a donde llegaba procedente del Puerto de Vilagarcía.

La Madre de María; Josefina Bertorini Jones, recoge en sus apellidos el doble origen inglés e italiano. Un abuelo de María -Pietro Bertorini, Pisano- fue gobernador de Parma, y por razones políticas se vio obligado a abandonar Italia. El hijo de Pietro, Camilo Bertorini, nacido en España (Barcelona), se casó con María Margarita Jones, oriunda de Gales.

Durante su residencia en Padrón, María M. Jones conoció a Rosalía de Castro, quien le dedicó los versos, “A Morte do Xeneral Inglés Sir John Moore”. Un extracto de este poema figura en el Jardín de San Carlos de La Coruña, Tumba del General Inglés.
Coetánea de Fernando Alvarez de Sotomayor (Ferrol, La Coruña, 1875 - Madrid, 1960), María Trulock Bertorini fue retratada en dos ocasiones por el pintor.

María Bertorini era la segunda hija en una familia de siete hermanos. Su hermana Camila, se casó con D. Camilo Crisanto Cela Fernández, padres del escritor y Premio Nobel Camilo José Cela Trulock.
Camilo José Cela residió parte de su juventud en La Coruña con la familia de Eduardo Rguez.-Losada, en los años de la postguerra civil. En esta etapa tuvo especial relación con el arquitecto y compositor.

Uno de los escritores que más inspiró a Rguez.-Losada fue Gustavo A. Becquer. En la segunda mitad de la década de los veinte se inspira en tres de sus Leyendas para componer “El Monte de las ánimas”, “El Miserere” y “El Gnomo”.
“El Gnomo” y “El Miserere” son poemas sinfónicos para gran orquesta. “El Gnomo” se estrenó en el Teatro Rosalía el 8 de mayo de 1925, con la orquesta Sinfónica de Madrid (el estreno fue dirigido por Enrique Fernández Arbós).
El estreno de “El Gnomo” supondría para R-Losada recibir los reproches de Antón Vilar Ponte: en su artículo "Al margen de un poema sinfónico. El eterno defecto de los gallegos", (Galicia):
“No hay derecho a que un gallego y un coruñés precise a estas alturas, cuando todos lamentamos el atraso en que se halla la música culta de nuestra tierra, recurrir a una leyenda del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer para inspirarse [...] ¿ Es que en Galicia no hay leyendas y leyendas hermosísimas muy superiores a la mencionada del poeta andaluz autor de las Rimas ? [...] Una vez más se da el caso del gallego - y del gallego inteligente, que es lo triste - volviéndose de espaldas a las fuentes de inspiración autóctonas y buscando lo universal, no en lo cercano, como la buena lógica aconseja, sino en las lejanías del estéril exotismo. Fuese gallego e inspirado en tema gallego el poema sinfónico que acaba de estrenar el señor Rodríguez Losada y nuestra música entonces tendría un día de fiesta inolvidable, con registro áureo e imperecedero en la historia de las artes del terruño. No lo ha sido y todos veremos en El Gnomo un trozo musical más de tantos discretos y reveladores de un compositor de excelentes condiciones que con frecuencia surgen... En el pecado llevará la penitencia el distinguido arquitecto coruñés”.

“El Monte de las ánimas” es un drama musical en dos actos con libreto de Julio Casas, puesto en verso por Nuñez Cepeda, que R.-Losada estrena bajo su dirección el 6 de mayo de 1927 en el Teatro Rosalía de Castro de A Coruña.

“O Mariscal” –la primera ópera con libreto en gallego -, se estrenó en A Coruña en 1929.
Basada en la obra de Ramón Cabanillas Enriquez (1876-1959), y contó con Antón Vilar Ponte (1881-1936) como co-autor, de cara a la historia, cuando en realidad fue promotor y prologuista de la obra literaria.

El estreno de la opera sucedió en el teatro Rosalía de Castro el 27 de marzo de 1929, (19:00 hrs.).
A pesar de la existencia de un programa de este acto, existe alguna discrepancia sobre la consideración de tal como la fecha oficial del estreno. Algunos autores se refieren a Vigo / Teatro Tamberlick, y al 31 de mayo de 1929 como fecha de inauguración.

El motivo de esta confusión es que en el estreno de La Coruña se produjeron alborotos en el palco de autoridades.

Decía el Faro de Vigo que “cuando la representación avanzaba, como desde el gobierno civil se podía acceder al teatro, la primera autoridad provincial de La Coruña, con unos amigos, penetró en el palco portando botellas de champán, que descorchó para sus particularísimos invitados. Los taponazos molestaron a Losada. El testigo del hecho nos dice que el músico y director tiró la batuta y el ensayo-representación no continuó”.

De este modo, se prefiere hacer referencia al estreno en Vigo como estreno inaugural y denominar el acto de de la Coruña como “ensayo general”.
Si bien constan las precauciones de las autoridades ante la reciente tragedia en el “Teatro Novedades”, en Madrid, la previa autorización de este estreno en el Rosalía de Castro hace que algunos historiadores no relacionen este alboroto con las condiciones del Teatro Rosalía de Castro, sino con el ambiente político de la época (pocos meses después dimitía el General Primo de Rivera), en creciente enrarecimiento en lo que se refiere a contenidos de corte regionalista en España, galleguista en este caso por la participación de los autores literarios.

Emilo Xosé Insua describe algunas reacciones tras la edición de la obra literaria de O´Mariscal:
“A reacción de conspicuos representantes do regionalismo sano y bien entendido contra esta reivindicación pardo-celiana levada a cabo polo nacionalismo galego a partir de 1916 non se fixo agardar. O daquela alcalde da Coruña, Manuel Casás Fernández (1867-1960), por exemplo, advertiría desde as páxinas de La Voz de Galicia sobre a necesidade de exercer unha crítica severa contra certas lendas e auréolas históricas como as que rodeaban a figura de Pardo de Cela. Alén de reivindicar os irmandiños (inimigos declarados do Mariscal e dos seus parentes Pedro Bolaño, marido da filla daquel, Beatriz, e Pedro Miranda) como verdadeiro símbolo das ansias de redención do país, Casás Fernández, citando como autoridades ao Licenciado Molina, a Vasco de Aponte, a José Villaamil e a Murguía, presentaba ao Mariscal como un déspota feudal, saqueador, orgulloso e cheo de cobiza, inimigo dos Reis Católicos só porque estes querían pór fin ás súas arbitrariedades e desmáns, completamente alleos a todo sentir ou reivindicación patriótica.
Con estos precedentes, la crítica de Otero Pedrayo en “Nos” deja constancia del desasosiego e incertidumbre que rodeaba el estreno de la opera en Vigo:
“Unha agarda esperanzada. A Conciencia de algo novo, forte e fondamente galego que se vai manifestare. Ledicia un pouco angustiosa dos poucos minutos que faltan. Os montes azues, a badía centilante, o elán moderno das rúas, síntese a través dunha emoción.

¿Si calquer cousa chegara para impedila?. Xa aconteceu hai poucos días na Cruña. Non sabemos que mestereosas potenzas esbarrallarán a nosa esperanza”.

La investigación de Emilio Xosé Insua –publicada en “Sobre O´Mariscal de Cabanillas e Vilar Ponte”- es rigurosa, y concluye que “Antón Villar Ponte e Ramón Cabanillas non se deberon de coñecer durante a súa mocidade de activismo republicanista"…,”ambos autores comezaron a partir de 1915 un proceso de sintonización no persoal e no ideolóxico que desembocou nun intenso entendemento no seo das Irmandades da Fala. Entre 1916 e 1922 rexistramos o período de máxima sintonía entre ambos autores"(...). Será entón, precisamente, cando se xeste e se confeccione O Mariscal”.
“probabelmente foi a finais de 1916 ou comezos de 1917 cando deu comezo o proceso”.
Sin duda es también A. Vilar Ponte el germen de la idea de una ópera que sirviera de trampolín al trabajo de Ramón Cabanillas, y quien anticipa y facilita un borrador a Rguez-Losada tras anunciarle su proyecto en común con Cabanillas.

También es orientativa alguna documentación localizada por el propio Emilio Xosé Insua: “Unha carta de Castelao ao escenógrafo Camilo Díaz Baliño, gardada no Museo Carlos Maside de Sada, serve para certificar que o arranque do proceso de composición de “O Mariscal” é, en todo o caso, anterior á propia estrea de “A man de Santiña”, verificada como é sabido na Coruña o 22 de abril de 1919. O rianxeiro, despois de facer unha serie de suxestións a Díaz Baliño para a confección do cartaz anunciador desa estrea, informaba ao artista ferrolán na súa epístola: "Escoita, chachiño: está faguendo Cabanillas unha obra que iso si que é cousa boa. En verso ¿sabes? E chámase O Mariscal”.

Respecto del estreno de la ópera, destaca que el propio compositor actúa de nuevo como director de la orquesta, siendo ilustrativa la caricatura que un popular caricaturista de la época, Sr. Pellicer, hizo del Compositor con tal motivo. Entre el elenco de artistas se encontraba la Sra. Honoria Goicoa, tía de la actual Presidenta de la Real Academia de Bellas Artes de Galicia (Doña Mª de las Mercedes Goicoa Fernández), además de Enriqueta Brandón, Juan Estrada, Arcadio Malvís, Fco. Iglesias, Jesús Arias, Venancio Deus, Fernando Navarrete, J. Alvarez, Enrique Brandón, Julia Catoira, con la orquesta de la sociedad Filarmónica de A Coruña.


La obra transcurría en seis escenarios diferentes –algo sorprendente en la época- diseñados por Camilo Díaz Baliño.
Camilo Díaz fue el escenógrafo más importante y uno de los artistas gráficos más destacados de Galicia. Trabajó como delineante en la Diputación Provincial de A Coruña, donde conocería a E. R.-Losada, y para el que ya había trabajado en “El Monte de las Ánimas”. Así mismo, realizó junto con Castelao la puesta en escena y escenografía de la obra de Cabanillas “A man da Santiña”. Casado con Antonia Pardo Méndez tuvo tres hijos, uno de ellos Isaac Díaz Pardo, famoso pintor y ceramista.

Según las crónicas, en la escenificación de O´Mariscal Camilo Díaz se dejó influir “por Castelao y la estampa japonesa” –lo cual ratifica la correspondencia mantenida entre Díaz y Castelao-, haciendo “una decoración romántica estilizada en la que los carballos de la acotación del autor son pinos esbeltos en primer término, a través de la reja que forman se ve una montaña y el castillo donde va a fraguarse la traición del astuto Mudarra”, recreando con precisión el ambiente de lo que sucedió la noche del 7 de diciembre de 1493

Sobre la relación de Vilar Ponte y Rguez.-Losada:

Resulta conveniente una mención a los antecedentes familiares de R-Losada y Vilar Ponte para entender la coincidencia de los partícipes, ya conocida la relación de Vilar Ponte y Cabanillas. El compositor era –por parte de madre- originario de Viveiro, de donde también lo eran los antecedentes de Antón Vilar Ponte. Ambas familias se conocían y esto fue la base para que Antón y Eduardo compartiesen su melomanía y proyectos en las tertulias culturales en las que coincidían en A Coruña.

Igualmente, debe destacarse que por parte de su familia pólítica también existió gran relación: Camilo C. Cela Fernández coincidiría con Antón Vilar Ponte en Foz entre 1903 y 1906. Pondrían en marcha –junto a Noriega Varela- el periódico satírico “¡GUAU...GUAU!”.

Como arquitecto, Eduardo Rodríguez-Losada era uno de los escasos profesionales que en 1913 ejercían en A Coruña, entre una docena de nombres que iniciaban una arquitectura progresivamente despegada de los lenguajes académicos, y firmantes de las nuevas formas estilísticas que iban a surgir en la configuración urbana coruñesa.

Con la bonanza económica de los años veinte, A Coruña –Como Santander o San Sebastián- buscaba rehabilitar su centro urbano y mejorar su fachada marítima. Ello suponía responder a la sobrepoblación del “barrio de la pescadería”, con pisos reducidos –especialmente grave en una época de familias numerosas-, sin luz y sin zonas verdes.

Existen muestras notables de la obra arquitectónica de Rodríguez-losada, entre la que siempre habrá que lamentar la demolición de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de A Coruña (para la posterior construcción en su lugar de la actual sede de Caixa Galicia, en Rúa Nueva). Sin duda era una obra especial por el uso del granito en sus volúmenes y el tratamiento de las formas, que la identificaron como un ejemplo de arquitectura influida por la corriente galaica culta y rotunda.

La Enciclopedia Gallega menta la valoración de Fernández-Albalat, quien lo identifica con la línea eclecticista de su época, con preocupación compositiva en las fachadas, repertorio de torreones en esquina o pináculos en coronamientos que reflejan un cuidado en el diseño de los elementos ornamentales.
Muestras de su obra se encuentran hoy en el denominado –por entonces- “Ensanche” coruñés, que expandió el urbanismo fuera de las antiguas murallas. El Ayuntamiento dedicó las calles de este barrio a las ciudades gallegas, y por ello hoy se identifica claramente esta zona: plazas de Galicia, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo, o calle Betanzos, Compostela...
Pero entre la obra menos identificada con el arquitecto figura el diseño y construcción de la Ciudad Jardín de A Coruña, ideada a principios del siglo XX. El proyecto pretendía una planificación urbanística basada en casas unifamiliares. Un modelo de urbanización importado de Europa que buscaba el alojamiento ideal para todas las clases sociales, que -sin embargo- en España acabó ligada a clases altas, en las afueras de las ciudades.

La ciudad jardín de A Coruña fue impulsada por un grupo de vecinos y personalidades que se reunieron en el Círculo de Artesanos en noviembre de 1921, donde presentaron a ayuntamiento y a la prensa el proyecto dirigido por Eduardo Rodríguez-Losada.

A finales de los años veinte, la Ciudad Jardín estaba ya formada por más de 40 chalés, dos edificios destinados "a la enseñanza y a la educación moral" y un observatorio meteorológico. La nueva zona residencial estaba conectada con el centro de la ciudad a través de un tranvía. El proyecto fue un éxito pero la Guerra Civil paralizó el desarrollo de las obras, debido a la escasez de materiales de construcción.
Años más tarde R.-Losada influiría de nuevo en el urbanismo coruñés con un modelo similar para familias de menor capacidad económica; las todavía existentes casas unifamiliares del barrio coruñés de Montealto.
A mediados de la década de los veinte, Eduardo Rguez-Losada, con el nacimiento de su 7ª hija, se trasladó a vivir con su familia a la Ciudad Jardín de A Coruña, en la casa todavía hoy identificada como “Villa Felisa”, hasta 1939.

A Coruña de principios de siglo XX era uno de los centros innovadores de Galicia, debido a la industria, la actividad portuaria y las nuevas entidades financieras. También influyó la llegada del ferrocarril y servir de sede a un nuevo organismo: la Diputación, de la que Eduardo Rguez.-Losada sería Arquitecto durante cuarenta años. Esto resulta difícil en una época de la historia española en la que la polaridad política fue especialmente destacada, pero explica que a la obra del arquitecto concentrada en la ciudad haya que unir otra, dispersa por la provincia.


    1. Arquitecto, músico, ... .
      Na súa mocidade, Rodríguez-Losada tamén gustou da arte de tourear. E alén da visión dende as bancadas, atrevíase a baixar a area.
      Na vella praza de touros da Coruña (na zona da actual rúa Médico Rodríguez), coñecíano como "Rebelloncito el chico".
      E. Rguez-Losada tiña unha cicatriz no corpo causada por unha cornada.

  1. Existe un trabajo sobre Eduardo Rodriguez-Losada realizado por Xoan M Carreira Antelo, publicado como separata de la Revista de Musicología (1986).
    Carreira incluye entre la obra del compositor diferentes canciones entre las que destacan "Seis canciones Gallegas", en las que utiliza versos de Cabanillas, Rosalía de Castro y Eduardo Pondal.
    Estas sencillas obras no fueron grabadas.
    Probablemente la canción en la que emplea versos de Pondal fue con la que ganó un premio concedido por la Diputación de Pontevedra en 1954.


sábado, 7 de mayo de 2011

Ricardo Dorado Janeiro Músico e Compositor de A Coruña

Ricardo Dorado Janeiro fue un prestigioso músico y compositor militar. Nació en La Coruña, en 1907 y murió en Madrid en 1988.


Dorado es sin duda alguna uno de los grandes autores del género de procesión, por más que algunas de sus múltiples composiciones sean poco interpretadas frente a la omnipresencia de la que sin duda es su marcha más conocida e importante: ‘Mater Mea’.

              Pero sería injusto circunscribir la carrera musical de Ricardo Dorado a las marchas de procesión.

              Este músico gallego, nacido en La Coruña el 7 de febrero de 1907, formó parte del prestigioso Cuerpo de Directores Militares en unos años en que esto era suficiente garantía de una adecuada formación musical. Sus estudios los inicia en su ciudad natal, para pasar posteriormente al Regimiento de Infantería ‘Zamora’ nº8, con sede en Madrid. Ya instalado en esta ciudad, continúa en ella sus estudios, entre otros con músicos del prestigio de Joaquín Turina o Manuel de Falla. Su siguiente destino, también en Madrid, el Regimiento de Infantería nº1, “Inmemorial del Rey”. Posteriormente sería Director de la Banda de Música Militar de Suboficiales. Compaginaría la dirección con la enseñanza, en la que numerosos músicos y directores reconocen el papel desempeñado en su formación. Entre otros discípulos destacar por su vinculación con la música procesional al músico cartagenero Gregorio García Segura.

              Como compositor encontraremos en primer lugar las composiciones para el Ejército. Es autor del ‘Himno del Ejército del Aire’, con letra de José María Pemán. De igual modo suyas son las marchas ‘San Marcial’, ‘San Quintín’, ‘Regimiento Inmemorial’, ‘Proa a la Mar’, ‘La Orgía Dorada’ y ‘La Legión del Aire’, más conocida como ‘Los Paracaidistas’.

              En materia procesional, y además de la mencionada ‘Mater Mea’ (1962), compuso las siguientes marchas: ‘Altare Dei’ (1969), ‘Cordero de Dios’ (1964), ‘Dominus Tecum’, ‘Dona Nobis Pacen’, ‘El Buen Pastor’, ‘Getsemaní’, ‘Gloria al Señor’, ‘Hosanna’ (1969), ‘Ora pro Nobis’, ‘Oremos’, ‘Tras el Calvario’ y ‘Santos Lugares’. A diferencia de otros autores que tenían la costumbre de dedicar sus marchas a una imagen o cofradía concretas, Dorado las compuso todas con carácter general, con la única excepción conocida de ‘Getsemaní’, que dedicó al fallecimiento de su esposa.

              Como no podía ser menos, instrumentó alguna marcha a otros autores. Es el caso de ‘Soledad Moreno’, de Antonio García del Río Segura. También de dos composiciones suyas a partir de piezas clásicas: la ‘Marcha Fúnebre de Sors‘ (adaptación de la marcha de Fernando Sors en 1825) y la ‘Marcha Fúnebre de Thalberg’ (Adaptación de la que compusiera Sigismond Thalberg).

              En otros géneros también se adentró con éxito a nivel compositivo. Buena muestra de ello serían sus pasodobles, como ‘Lucerito de Triana’ y ‘Fiesta en Sevilla’, piezas de folklore como ‘Granada’ y ‘Granada Cañí’, un sainete, ‘Los ases del barrio’ y una ópera, ‘La Gitanilla’. Otras piezas suyas serían ‘Capitán Cerezo’, ‘Suite Alicantina’, ‘Homenaje a Manolete’ o ‘Filigrana’.

              Y en tan prolífica carrera tocó incluso ámbitos distantes a lo militar o las procesiones, como sería la composición de la música para las revistas ‘Todo para la mujeres’ y ‘Los celos de la Sole’ o la de la película ‘Historia de la Fiesta’, de Mariano Ozores (hijo) en 1965.

              A los ochenta y un años, Ricardo Dorado Janeiro fallece en Madrid el 28 de octubre de 1988.
Agustín Alcaráz Peragón

Obra de Ricardo Dorado Janeiro nesta ligazón:

Para escoitar a súa música:
Hosanna - Ricardo Dorado Janeiro

Ora pro nobis - Ricardo Dorado Janeiro

Cordero de Dios - Ricardo Dorado Jaineiro

Altare Dei - Ricardo Dorado Janeiro

miércoles, 27 de abril de 2011

José Castro González Chané Director e Compositor A Coruña


José Castro González (Chané)

Unha vida dedicada á música galega


José Castro, coñecido polo alcume de Chané, foi un dos máis importantes músicos galegos. Naceu en Santiago de Compostela o 18 de xaneiro de 1856. Virtuoso da guitarra e da cítara, compositor e catedrático de Belas Artes na Coruña. Foi director do Orfeón Coruñés e maís tarde da coral El Eco. Con esta coral obtivo galardóns en Pontevedra (1880), Madrid (1887), Barcelona (1888) e Santander. Foi premiado tamén en París, onde o grupo que dirixía foi galardoado no festival do Teatro Trocadero, en 1889. Malia o seu recoñecido prestixio, a cátedra que rexentaba na Coruña foi suprimida, razón que levou a Chané a emigrar. Deste xeito, chega a Cuba en 1893, cando tiña 37 anos. Na Habana dirixiu o orfeón Ecos de Galicia, co que acadou grandes éxitos. Na capital cubana Chané tivo unha estreita relación co poeta Curros Enríquez, chegando a pór música a varios textos do poeta ourensán, o máis famoso de todos sería "Unha noite na eira do trigo".


Ecos de Galicia, orfeón Hércules, presidido por
Cándido Murgía dereita e dirixido por Castro Chané.

En la década de mil ochocientos noventa se crearon orfeones gallegos en
Buenos Aires (Orfeón del Centro Gallego, en 1892) y La Habana
(Orfeón Ecos de Galicia, Sociedad Coral Aires d’a Miña terra,
Sociedad Coral Glorias de Galicia). Precisamente, Ecos de Galicia y Glorias
de Galicia, más el coro Hércules, se unificarían en una sola formación
bajo la dirección de José Castro “Chané

Foi tamén profesor de música do Centro Gallego da Habana. Neste senso, en xullo de 1895, durante os exames realizados nesta institución mantivo un enfrontamento co presidente do tribunal, Vicente Fráiz Andón, que motivou a súa saída do plantel do Centro Gallego.

Co mestre Chané, na Coruña, no ano 1908.
De esquerda a dereita: Bernardino Álvarez Otero, Robustiano Faginas,
Francisco Tettamancy, Modesto Garrido y Florencio Vaamonde. Sentados:
Ramón Faginas, Alexandre Barreiro, Chané, Murguía e Carré Aldao.

Na capital cubana participou en distintas entidades galegas como a Sociedad de Beneficencia Naturales de Galicia ou a Asociación Iniciadora y Protectora de la Academia Gallega, da que foi secretario. Tamén recibiu o cargo de académico correspondente da Real Academia Galega.

En agosto de 1907, logo de moitos anos de ausencia, regresou á Coruña. A intelectualidade galega obsequiouno cun grande banquete presidido pola escritora Emilia Pardo Bazán. Entre as persoas presentes estaban Neira Cancela, o doutor Rodríguez, Armada Teixeiro, Lugrís Freire, Martínez Fontenla e distintos directivos de orfeóns galegos.

Chané xunto a Pepito Arriola


Chané viviu os seus últimos anos na Habana onde seguiu ata os últimos días a escribir música, e nos seus momentos de lecer executaba os distintos instrumentos de corda. Neste país casara con Elvira Hernández Celis coa que deixou longa descedencia. A súa derradeira obra de composición foi "A lúa de Cangas", estreada polo Orfeón Ecos de Galicia nunha velada en honra ao poeta viveirense Pastor Díaz.


O mestre nun xantar

Castro Chané morreu na Habana o 27 de xaneiro de 1917 sendo os seus restos trasladados á Coruña onde chegaron o 4 de marzo, sendo inhumados no cemiterio coruñés. Durante o sepelio centos de persoas déronse cita para homenaxear ao grande compositor galego. Toda a prensa da época resaltou de maneira notable a chegada dos restos de Chané. O xornal A Nosa Terra voceiro das Irmandades da Fala sinalou nas súas páxinas:

"No cemiterio da Coruña, preto de Curros, o seu irmán de raza, o seu compatriota, repousa xa para sempre o mestre Chané. O grande Centro Galego da Habana honra dos `bos e xenerosos´, cumpre co seu deber mandándonos os sagrados restos do autor da Foliada. Galiza enteira cumpriu tamén o seu deber, facéndolle ao mestre un enterro garimoso e solemne...". "...Non sabemos se os espiritos na outra noite, ben na propia campa ou nos Campos Elíseos, á soma dos buxos virxiliáns, paragrafean aparellados. Se así fose, Curros e Chané que espiritualmente se xuntaron no "Adiós a Mariquiña", dende agora falarán coa voz do misterio fala eterna sen palabras, os corazóns da mocidade galega para que manteña acesa a luz santa do enxebrismo redentor.

Xa pasou dos inxenuos orfeóns, os estandartes -reliquias que tremeron no enterro do Clavé galego, hai que conservalos como gloriosas relembranzas históricas. Fagamos -¡ou somas queridas de Curros e Chané!- porque xurda o mestre capaz de concertar voces pra defensa de Galiza: pensemos nas cordas que serven para facer lazos corredizos nas árbores".

http://www.galiciaaberta.com/publicacions/biografias/jose-castro-gonzalez-chane

JUAN MONTES Y EL FOLKLORE GALLEGO

Título del artículo: JUAN MONTES Y EL FOLKLORE GALLEGO

Juan Montes Capón compositor Lugo
13 de abril de 1840 (24 de junio de 1899)
Año: 1982 - Tomo: 02b - Revista número: 23

Páginas en la revista: 174-178
Autor: VARELA DE VEGA, Juan Bautista
Tema: Biografías

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Una de las más destacadas figuras del resurgimiento artístico gallego, en el XIX, la del eminente músico lucense Juan Montes (1840-1899), estuvo siempre íntimamente ligada a las esencias populares.

Ya al comenzar el presente siglo (enero 1900) -hacía unos meses que había desaparecido- dijo de él el ilustre Rafael Mitjana que supo hacerse inmortal entre sus conterráneos, por haber expresado en sus composiciones inspiradísimas el alma galaica. Y añade Mitjana: "Conocedor de la importancia extraordinaria de los cantos populares, sabedor de que ellos son los gérmenes fecundos de toda evolución artística, los estudió detenidamente y con ellos formó el "ethos" de sus composiciones, que por esta misma razón repercuten enérgicamente en el espíritu del pueblo de donde han salido."La región gallega -para Mitjana- riquísima en melodías populares características: muiñeiras, alboradas, baladas, alalás, nadales, aguinaldos, villancicos, danzas de espadas, cantos de ciego, lais y riveiranas, es musicalmente original en extremo y requiere para ser tratada artísticamente un estudio muy delicado y concienzudo, lo cual realizó perfectamente el maestro Juan Montes.

y terminaba el distinguido diplomático y musicógrafo, así: "Básteme decir que el grupo de músicos y artistas regionales le consideraba como la más pura gloria de la música gallega. Por mi parte, entiendo que tienen razón. Ahí están sí no para probarlo sus hermosísimas seis baladas para canto y piano, que retratan claramente el temperamento del genial cantor de la "morriña"; una de ellas, la que comienza con las palabras "Una noíte na eíra do trigo", es sencillamente deliciosa...".

Por su parte, el gran musicólogo y compositor vallisoletano, el padre agustino Luís Víllalba Muñoz, escribía en 1912 lo que sigue: "Durante unos tres o cuatro años sonó el nombre de Juan Montes como el de un simpático bardo, que revelaba en su inspiración genial y dulce toda la nostalgia tierna y delicada del alma gallega."

"Fue en los primeros ardores del lirismo folklórico, cuando despuntaba, impulsado por el soplo que desde la "Ilustración Musical Hispano-Amerícana"
Pedrell infundía, en el ambiente musical español, el renacimiento artístico de la música. Un día se habló de un concurso de orfeones, de una masa coral gallega, la de Lugo, y de una delicadísima balada, "As lixeiras anduriñas", y quedó consagrado un triunfo y un nombre. Juan Montes ,el director del orfeón y autor de la gentilísima balada se revelaba como uno de los compositores más inspirados, y que en la más pura y limpia fuente de la inspiración popular bebían."

Bien, esto último parece que se ha olvidado hace mucho tiempo respecto al compositor lucense, como se ha olvidado su vida y su obra, la más laureada de toda la música gallega -hemos dicho en varías ocasiones- y quizá de la música española contemporánea.

El P. Luis Villalba sostiene que Montes no es un transcriptor folklorista al regionalizar la música, ni emplea el falso lirismo de salón, sino que su personalidad es única: "Juan Montes es uno siempre, que no acompaña cantares del pueblo, ni compone romanzas diversas en su ambiente de los cantares; ni le copia al pueblo las melodías, ni canta en aquel ambiente sones exóticos. Es hijo del pueblo, pero es un bardo original en medio de su pueblo, y habla su lenguaje, para comunicarle cosas propias. Tal es el lirismo de Montes, de artista fino y profundo, que a fuerza de sentir y vivir y respirar el ambiente de su patria los expresa con el color y acento regional más pronunciados."

"Montes -continúa diciendo el P. Villalba-, como era natural en la época en que se labró su espíritu musical, no empleó los procedimientos armoniosos que los modernos lirizadores a estilo popular han ido a copiar de Grieg. Montes pertenecía en esto al antiguo régimen, y dentro de él tejió el contorno de unas melodías, que habían florecido en el campo espontáneas y entre el sonar de los acentos populares. Y aquí se encuentra lo singular y más característico de su lirismo musical. No hay un átomo del sonorismo modernista en sus acompañamientos, y, sin embargo, no hay nada que se parezca a los vulgarismos y muy gastados dejos de los que desde el principio del siglo hasta su última década emplearon los compositores españoles."

"Buscó en los vates gallegos que con más verdad y honda comprensión expresaron los sentimientos del alma regional, la letra y el alma de su inspiración y al vestirla con la música, de tal modo se compenetra y funde en ella, que parece el cento más bello y propio de aquellas ideas."

"Poco hay en el lirismo musical español -termina afirmando Villalba- tan natural y fuerte, ni tan hondamente sentido; lo delicado y fino, lo suave y tierno, lo profundamente amargo, con la perpetua y lánguida dulzura de aquel sentir, encuentra en Montes el cantor más feliz y afortunado. No hay moldes que le aprisionen, ni atracción de fórmulas, es libre y espontáneo el numen del artista, que corre y se desarrolla al impulso de las ideas que le emocionan. Por esto mismo tienen personalidad y carácter propio, sin que de la importación de novedades haga artículo de mérito y valor."
Efectivamente, la espontaneidad y libertad de Montes era equiparable a su ingente laboriosidad e increíble capacidad de trabajo, ya su inteligencia, extraordinaria, ya su humildad, que le hizo renunciar a la concesión por el Gobierno, en 1886, del nombramiento de Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica. Sí, no quiso recoger la encomienda, porque para él sólo eran aceptables los galardones que se conquistan en las luchas por el divino arte.

La riquísima y sencilla inspiración, enraizada en lo popular, del maestro fue elogiosísimamente reconocida por grandes autoridades de la época: Uriarte, Pedrell, Monasterio, Arrieta, Bretón, Chapí, Reventós, el conde Morphy, Baltasar Saldoní, Enrique Barrera, José Alfonso, Valentín Zubíaurre y, entre las personalidades extranjeras, Laurent de Ríllé y Albert Soubie, este último correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, quien en su obra Histoire de la Musique". Espagne, Le XIXe Siecle (París, 1900) insiste en la base popular de la obra: "Montes, de Lugo, hábil ejecutante, ha compuesto encantadoras melodías inspiradas en el canto popular de Galicia" ("Montes, de Lugo, habile exécutant, a composé de charmantes mélodies inspirées du chant populaire de la Galice").

La excepcional sensibilidad artística de Montes logró esa difícil simbiosis de música y poesía. Su busca fue certera: los mejores poetas del momento, como Rosalia de Castro, Manuel Curros Enriquez, Aureliano José Pereira, Salvador Golpe...

Finalmente, Filgueira Valverde en "Cancionero Musical de Galicia" afirma que el Cuarteto de Cuerda premiado en el certamen de Santiago de Compostela, en 1897 (Premio de Honor de la Infanta Isabel), es la mejor página instrumental escrita en Galicia sobre temas genuinos, añadiendo: "Fue humilde, estudió lo gallego y conoció profundamente la técnica y su historia, señaló un nuevo rumbo a nuestra lírica musical."

Si Montes no fue un transcriptor folklorista en el momento de componer, si lo fue en el momento de anotar diversas melodías recogidas muy posiblemente por los alrededores de Lugo y a orillas del Miño, que sirvieron para su inspiración y como aportación "folklórica" a los "Cancioneros" de Sampedro y de Pedrell.

Es desconocida la fecha en que Casto Sampedro inicia la recogida de melodías, pero es muy probable que comenzara la sistematización de la colección a partir de 1884, con la "campaña coruñesa del folklore", y en especial desde 1895, debido al estímulo del cancionero pedrelliano, fecha en que comienza la recogida indirecta, a través de sus numerosas amistades por toda la región gallega: Marcial Valladares, Martinez Posse, Enrique Lens, Curros, Soler, Alejandra Murguia, Felipe Paz, Martinez Santiso, Cea Naharro y Montes.

En el "Cancionero Musical de Galicia", de Castro Sampedro, nos dice José Filgueira Valverde que Montes se mostraba reacio a confesar a Sampedro que poseía materiales, aunque finalmente accediera a colaborar.

Nosotros encontramos en el Archivo Musical del Museo de Pontevedra (1), tan extraordinariamente dirigido por Filgueira Valverde, una carta de Juan Montes a Casto Sampedro y cuyo contenido reproducimos a continuación por su interés. Dice así:

"Sr. D. Casto Sampedro
Pontevedra

Lugo 2 enero 1892

Muy señor mío: Como no tengo conocimiento de más cantos gallegos que los que Inzenga trae en su colección, me veo privado, bien a mí pesar, de poder enviar a V. alguno.

Como casi nunca salgo de ésta, no tengo ocasión de oír algo; sí por fortuna llegase alguno a mí oído, cuente V. de seguro con que lo transcribiré y le será remitido incontinenti.

Con este motivo se repite suyo affmo.

q. b. s. m.
Juan Montes.


"En resumen, el Cancionero de Sampedro recoge dos melodías proporcionadas por Montes: una, en Céltigos (Lugo), seguramente en una de sus estancias veraniegas en el famoso balneario, con su manantial de aguas bicarbonatadas; la otra, en Lugo, y lleva la siguiente letra: "Paxaro que vas voando, as prumas che van caindo, / sí souperas, paxariño, de ti o que van dicindo!".Si realmente Montes se mostró reacio o al menos remiso a la solicitud de Sampedro es difícil de probar. En cambio, lo que sí resulta claro de la carta de Montes a aquél es que éste sí conocía "Cantos y bailes populares de España", que Inzenga, el gran pianista y pedagogo, publica en Madrid, en 1888, ó, al menos también, el cuaderno dedicado a Galicia.

De éste se recogen varios en el Cancionero de Sampedro. No sucede lo mismo en el de Pedrell, pues de Inzenga sólo aparece un "arrolo" (canción de cuna o berce) procedente de Santiago de Compostela, y que figura con el número 15 en el tomo I del "Cancionero Musical Popular Español", del eximio musicólogo catalán, sí bien éste hace referencia a las inclusiones y asimilaciones de Inzenga en su cuaderno destinado a Galicia: "Pasacalle o marcha-alborada de gaita" y varios "alalás".

En este último cancionero se recogen gran cantidad de cantos gallegos a través de Casto Sampedro y de Ramón de Arana ("Pizzícato"), mencionándose a Montes, como veremos más adelante.

En julio de 1900, Fe1ipe Pedrell dirige una carta a Casto Sampedro, en términos excesivamente aduladores, que transcribimos a renglón seguido (2):

"San Quintin, 4.-Madrid
Julio 1900
D. Casto Sanpedro

Sr. mío de toda mi consideración y afecto: Por conducto del amigo D. Ramón Menéndez Pidal he recibido dos preciosísimos romances de ciego que V. bondadosamente entregaría a su Sr. hermano, D. Juan, Gobernador de ésa.

Sé por el común amigo Arana, que ha hecho mí presentación cerca de V. y que le habrá comunicado la misma petición que en ésta hago a V. Le expondré lisa y Ilanamente que mi pretensión de publicar un Cancionero de Música popular o popularizada tiende, siguiendo mis predicaciones, no sólo a salvar joyas de la música popular sino que, harmonizadas debida y científicamente, sean objeto de vulgarización, de admiración de extraños y aun de propios que la desconocen, en fin, algo así como la primera materia intacta y el protoplasma del drama lírico nacional.

Lo que con Arana han recogido Vdes., y que éste me ha comunicado desinteresadamente, y lo que V. ha recogido aparte (esos dos romances dan fe de ello y lo que V. ha depositado en ese Museo Provincial), formaría, no me cabe duda, el espléndido monumento folk-lórico de esa región musicalmente tan bien dotada, tanto que lo que llevo harmonizado me asombra por lo grande, lo típico, lo genial, lo reintegrador de la conciencia de una raza, conciencia conservada en la canción, esa reintegradora sin igual.

¿Hallaríase V. dispuesto a comunicarme la parte que V. ha recogido de la admirable voz de ese pueblo?, ¿me concedería el alto honor de citarle como uno de los más encumbrados colaboradores de mi Cancionero, encumbrado V. particularmente por la riqueza de lo recogido y sus luces de folklorista de primera fuerza?

De V. su devotísimo s. s. q. l. b. s. m.
Felipe Pedrell.


"La realidad resultó muy otra. Estadísticamente Sampedro fue citado un total de tres veces en dicho Cancionero. No así Arana, que lo fue doce.

Digamos además que el número de canciones gallegas reflejadas en el "Cancionero Musical Popular Español" es elevado, un total de 56, de las cuales 19 pertenecen a Lugo, y se distribuyen así: 2 cantos de faenas agrícolas, 1 copla soldadesca, 12 alalás y 4 baladas. Casi todo este material fue proporcionado por Ramón de Arana.

Montes figura indirectamente en dos ocasiones: en la canción número 107 ("El cantar d'o arriero") recogida por Arana y de la que Pedrell escribe: "El Cantar fue recogido por mi amigo Ramón de Arana. Decíame en una de sus cartas: 'Se la oí cantar al malogrado Montes, que a su vez la oyó a una cuadrilla ambulante de segadores. El gallego de la letra es muy 'enxebre', como dicen los gallegos: es un bilingüe gallecocastellano muy corriente", y en la canción número 127, "Canto de faenas agrícolas", comunicada también por Arana a Pedrell, al que indica la había recogido asimismo Juan Montes.

He aquí la letra y la música (melodía) de ambas canciones:

Nº 107.-
"0 cantar d'o arrieiro
E un cantar muy baixiño,
Cando canta en Rivadavia
Resona no Carballino."


Transcribimos de ambas únicamente unos fragmentos de la melodía. La armonización la realizaría Pedrell.



Nº 127.-

"Eu co a miña monteira
e c'o meu sayo de lan,
voume en cas d'o señor cura
co a aguillada na man.

Si chove, deixa chover,
si orballa, deixa orballar,
qu'en ben sei d'un abriguiño
on de m'hei d'ir a abrigar.

A doutrina cristiana,
señor cura nona sei;
pergúnteme cantigüellas
que eu lle responderei.

Chama, chame moreniña,
eche do polvo d'a eira,
xa me verás pra domingo
cosa'a guinda n'aguindeira.




Nuestra mayor ilusión sería dar con documentación suficiente que aclarara si las aportaciones de Ramón de Arana son parcial o enteramente suyas o tomadas o facilitadas total o parcialmente por Juan Montes.

Actualmente estudiamos la grafía de unas anotaciones encontradas, que bien pudieran ser del insigne director, organista y compositor lucense.
(2) Archivo Musical. Museo de Pontevedra.

REVISTA DE FOLKLORE
Caja España
Fundación Joaquín Díaz
http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=204

 Alejo Amoedo Portela
Montes e un dos compositores galegos do cal a súa obra e unha desconocida, pois a excepción das "Baladas Gallegas" (negra sombra, lonxe da terriña, o labrar do labrego, doce sono, as lixeiras anduriñas e unha noite na eira do trigo), descoñécese a voluminosa obra relixiosa, coral , piano, armonio, etc..
O estudioso Varela de Vega, ten unha biografía do mestre que a según a miña opinión, e un dos traballos musicolóxicos máis importantes de Galicia no eido da música

EL MUSICO JUAN MONTES Y LOS POETAS GALLEGOS

Autor:




Editorial:




Año de edición:



2001

ISBN:



978-84-932061-2-3

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